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ENTREGA Y DISPONIBILIDAD

Intermedio
Cód.: 606644
Libros
Tipo
Libro impreso
ISBN
9789587579413
Autor
Alejandro Riaño
Dimensiones
20 cm x 20 cm x 1.5 cm en empaque
Encuadernación
Tapa dura
N.° páginas
200
Edición Bilingüe
No
Idioma
Español

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por: $ 50.900
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SOBRE EL PRODUCTO
Llega el libro más top de la década. Juanpis González lanza su primer libro. Un tesoro para los lectores que se convertirá en la entrada a un mundo demaplay al que muy pocos pertenecen.
Tras esta lectura comenzarás a detectar a tus amigos mantecos y a descubrir qué tan manteco puedes ser tú mismo. Aunque, ¡cuidado! El hecho de conocer el mundo de Juanpis no garantiza que puedas acceder a él. En medio de una crítica social permeada por el humor de los personajes: “¿Usted no sabe quién soy yo?”, Juanpis González les enseña a los mantecos qué hacer para ser como él. Prepárate para amarlo, odiarlo y reír con sus ocurrencias. ¡No apto para mantecos! Juanpis González Pombo: Juanpis González es miembro de la selecta élite de gente bien de Colombia. De pequeño fue un baby dema divi. Empezó a ir al club de meses y siempre se bañó con agua caliente. Hijo de un empresario de Neiva, de donde proviene su apellido González, y su madre, de sangre española, de los Pombo de toda la vida. No fue un alumno destacado en el colegio porque estar preparado es “una ñerada”. Pues, para personas como él, prepararse es para gente pobre que necesita trabajar. Sin embargo asistió a Summa Cum Laude del Sexa en administración de herencias y bienes familiares, porque alguien tiene que estar pendiente de cuando llegue la herencia de su abuelo (el materno, obvio). Recientemente, antes de que empezara la cuarentena, estaba dedicado a alquilar teatros alrededor del país para hablar con otra ‘gente bien’, como él. Tras la reinvención que vivió durante la cuarentena solía pensar, mientras estaba en su tina, lo duro que les toca a los pobres, que el agua caliente no la usan para bañarse sino para pelar pollos, y se pregunta cómo lograron sobrevivir los chiquitos pobres, a los que les tocó gatear por la destapada y desde babys ya tenían las rodillas peladas. Sin embargo, valora que los esclavos nunca dejan de creer que les va a ir bien en la vida.
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