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Nadie sospecha de una mujer devota. Mucho menos… de una asesina. En la Roma del siglo XVII, donde la fe dominaba las calles y los matrimonios eran condenas silenciosas, Giulia Tofana construyó el arma más letal de su tiempo: un veneno invisible, inodoro y casi imposible de detectar. Pero su verdadero poder no estaba en la fórmula… sino en su mente.
En «Giulia Tofana: la boticaria de la muerte», Miguel Mendoza Luna revela la historia de una mujer que transformó la desesperación en negocio y la muerte en un servicio. Bajo la fachada de una viuda piadosa, creó una red clandestina que operó durante décadas, ofreciendo a cientos de mujeres lo que la sociedad les negaba: libertad.
Frascos disfrazados de objetos religiosos, dosis calculadas con precisión quirúrgica y un sistema que convirtió el asesinato en un proceso lento, limpio e indetectable. Más de seiscientos hombres murieron sin levantar sospechas, mientras Roma seguía rezando… sin saber que la muerte estaba en el tocador.