Vivimos en un estado constante de distracción, corremos por la vida con una sensación de vacío y desconexión: de las personas que queremos, de nuestras pasiones e incluso de nosotros mismos. El ruido interminable nos adormece y la «conexión» digital constante no hace más que acentuar esa soledad. Luchamos por mantener el ritmo, pero ¿a qué precio? La verdad es que tu mente está hecha para concentrarse, y tienes el poder de recuperar esa capacidad.