Desde comienzos de la década de 1980, Carol Gilligan, una de las más relevantes pensadoras del cuidado y de la justicia, ha llevado con su investigación las voces de las mujeres al primer plano en la reflexión del trabajo sobre el yo, por un lado, y el desarrollo moral por otro, permitiendo que las mujeres fueran escuchadas por derecho propio y de manera íntegra por primera vez.