Durante muchos años creí que el dinero era un tema de
números.
Como muchas personas, pensaba que, si lograba ganar más,
organizar mejor mis finanzas y tomar buenas decisiones
económicas, todo iba a estar bien. Que el problema era
aprender más, hacer mejor las cuentas, trabajar más fuerte y
encontrar la estrategia correcta. Pero la realidad era otra.
Fui padre a los 17 años. Desde muy joven entendí lo que
significaban la responsabilidad, la presión y la necesidad de
conseguir dinero. Durante años, mi enfoque estuvo en
producir, en resolver y en tratar de construir estabilidad.
Veía cómo el dinero llegaba, pero también cómo se iba;
cómo el esfuerzo no siempre se reflejaba en los resultados y
cómo, a pesar de hacer las cosas “bien”, ciertos patrones se
repetían.
Con el tiempo, me formé en el mundo financiero. Como
ingeniero, siempre tuve afinidad por los números, la
estructura y la lógica. Estudié y profundicé en cómo generar,
administrar y hacer crecer el dinero.
Al mismo tiempo, me formé como coach y acompañé a
muchas personas en procesos de crecimiento personal,
logro de objetivos y construcción de la vida que querían. Y
fue ahí donde algo empezó a repetirse: incluso cuando
avanzaban en diferentes áreas, el dinero seguía siendo un
punto de bloqueo.