De la autora best seller número uno del New York Times gracias a Me alegro de que mi madre haya muerto, llega una novela triste y cargada de humor negro que habla sobre sexo, consumismo, clase, deseo, soledad, internet, rabia, intimidad, poder y los límites que cruzamos para conseguir lo que queremos. Insaciable. Cachonda. Directa. Inocente. Inteligente. Impulsiva. Solitaria. Enfadada. Tajante. Hiriente. Perspicaz. Siempre anhelante. Y lo que Waldo más anhela: el señor Korgy, su profesor de escritura creativa. Un hombre casado, con un hijo, hipoteca y facturas, sueños rotos, aspecto deteriorado y barriga. Ella no sabe por qué lo quiere. ¿Es por su pasión? ¿Su experiencia vital? ¿El hecho de que sabe de libros, películas y cosas que ella no conoce? ¿O es algo más puro que eso? ¿Arraigado en su inesperada conexión, sus espíritus afines, el similar filtro a través del cual cada uno percibe el mundo que lo rodea? O, quizá, le basta con que él la vea cuando nadie más lo hace.