“Para que no estuviese solo, Dios creó también a la primera mujer. Ambos vivían muy felices y en armonía en el maravilloso Huerto del Edén. Ellos cuidaban del Edén y podían ir libremente a donde quisieran, aunque sin olvidar la prohibición de Dios y, por tanto, no comer nunca el fruto del manzano.” Novedad 2025 El primer acercamiento espiritual a las Sagradas Escrituras, con un texto adaptado y unas ilustraciones que son una obra de arte.