Rafael Pombo, sin discusion alguna y para orgullo de las letras colombianas, es uno de los poetas mas grandes, fecundos y originales con que cuenta la lengua castellana. Comenzó a escribir versos desde su niñez y compuso los últimos, con pleno goce de las facultades mentales, en visperas de su muerte ocurrida en Bogotá el 5 de mayo de 1912.
La autora nos deja entrever no solo el retrato habitual del poeta amante y admirador de la noche, un hombre inclinado a vestirse como su mujer-,sino que también nos muestra aspectos desconocidos de esta insigne poeta y figura destacada del romanticismo, el diplomatico, el ingeniero, el nihilista, el militar, el patriota desde su el exilio a los Estados Unidos, y un firme defensor del arte y la cultura. Este se convierte en lectura obligada cuando justamente se conmemora un centenario del fallecimiento de este poeta que deja ver en su obra un fondo religioso, con tintes de brote solitario de desilusion y pesimismo. Pombo amo el arte en todas sus manifestaciones, y en sus estrofas palpita íntegra el alma de Colombia; es el poeta de la niñez y de la juventud, de la ancianidad, de la religión, de la patria. (fuente Agencia Monikongo – Luis Liévano )