Tradicionalmente se ha venido considerando a Henry Miller como un autor innovador, automarginal y vanguardista, mitificando en exceso su figura. La verdad es que Henry Miller estuvo siempre obsesionado por convertirse en un gran escritor a la manera de Dostoievski o Balzac, ansiando vehementemente la gloria literaria. Lector voraz y autodidacta, pensaba, siguiendo a Emerson, que la literatura del futuro sería autobiográfica.
Trópico de Cáncer inicia con su publicación en 1934 la explosión literaria y editorial de Miller. A pesar de que dio lugar a que se celebraran más de sesenta juicios a propósito de su legalización, no fue escrito para escandalizar a los «burgueses bien pensantes»; su cuidada elaboración prueba la aspiración literaria de su autor, que logró hacer de ella un emblema de la desolada condición del artista en estos tiempos.